En los últimos días, en casi 20 estados del país, el miedo volvió a dictar la agenda pública. Se vivieron escenas que creíamos superadas: narcobloqueos, carreteras cerradas, comercios paralizados, suspensión de clases y ciudades enteras detenidas por la violencia derivada del abatimiento de un líder criminal.

En Torreón 120 nuevos elementos policiales

En Coahuila ocurrió algo contrario, se graduaron en Torreón 120 nuevos elementos policiales y se entregó equipamiento por 120 millones de pesos para fortalecer a la corporación municipal. La pregunta es inevitable: ¿quién quiere ser policía en México hoy? En ciudades donde la violencia es cotidiana y el riesgo es permanente, el reclutamiento policial se ha convertido en un desafío estructural. Hay municipios donde simplemente no hay aspirantes
suficientes, nadie quiere portar un uniforme que parece más una sentencia que una vocación.

120 concluyeron el proceso


Entre más de 600 aspirantes, solo 120 concluyeron el proceso y hoy forman parte de la corporación. Eso no es casualidad, cuando una comunidad genera condiciones de estabilidad, profesionalización y respaldo institucional, el uniforme deja de ser un símbolo de vulnerabilidad y se convierte en una opción de desarrollo profesional. Reclutar policías no es sólo abrir una
convocatoria, es generar confianza en que la institución tiene respaldo, equipamiento adecuado, formación sólida y un entorno operativo donde el Estado mantiene el control. La diferencia entre territorios donde nadie quiere ser policía y lugares donde cientos compiten por ingresar no está en el discurso, sino en el contexto. En Coahuila, la coordinación interinstitucional, la inversión constante en seguridad y la estabilidad en indicadores han construido algo fundamental: credibilidad, y la credibilidad recluta. Hoy, mientras en otras regiones se suspenden actividades portemor, en Torreón se gradúan generaciones completas de nuevos elementos que decidieron
asumir una responsabilidad pública. Eso también es un indicador de seguridad, porque cuando hay jóvenes dispuestos a portar el uniforme, significa que el Estado no ha cedido el territorio, que la institución conserva legitimidad y que la sociedad no ha renunciado a sus instituciones. Un buen termómetro para medir la seguridad es preguntarnos: ¿hay ciudadanos dispuestos a convertirse en policías? En Coahuila, la respuesta es sí.