Los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI al tercer trimestre de 2026 reflejan cifras alentadoras para nuestra región. Torreón registró un 21.7% en percepción de inseguridad, situándose como la ciudad de más de 500 mil habitantes más segura del país y en el 6.º lugar nacional general. Asimismo, la Zona Metropolitana de La Laguna alcanzó un 24.6% (7.º lugar nacional) y Gómez Palacio un 35.5%. Destacan datos como el 70.1% de efectividad que se percibe en la Policía Municipal de Torreón (frente al 50.9% nacional) y el 75.6% de ciudadanos que confían en que la seguridad mejorará o seguirá igual de bien el próximo año. Estos avances pueden responder a factores clave como la continuidad en el mando de coordinación, el respaldo a las Fuerzas Armadas y a una disminución de la violencia extrema en el entorno cotidiano. Sin embargo, en la gestión pública existe una tentación muy común: confundir un buen indicador con un buen resultado. El economista Charles Goodhart advirtió que «cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida». Esto se traduce, en que una baja percepción de inseguridad es una excelente señal, pero no demuestra por sí sola la ausencia total de ilícitos; de igual forma, menos denuncias pueden significar menos delitos o menor disposición para denunciar. Un 21.7% de percepción implica que más de dos de cada diez adultos en Torreón aún se sienten vulnerables, y su vivencia es completamente legítima. Estamos ciertos, que las estadísticas públicas son la mejor herramienta objetiva disponible, pero deben emplearse para orientar la política pública hacia donde todavía falta trabajo por hacer. En seguridad pública la palabra "resuelto" no existe; existe la constancia, la continuidad y la disciplina. Los indicadores favorables representan un voto de confianza ciudadano, y no un cheque en blanco para la condescendcia. Desde el Consejo Cívico de las Instituciones y el Observatorio de La Laguna, el compromiso es ir más allá del número, hacer una mirada más profunda y verificar que los recursos se sigan traduciendo en investigaciones eficaces y atención a las víctimas, porque finalmente el propósito de medir no es demostrar que estamos haciendo las cosas bien, sino descubrir qué debemos hacer mejor.