Moverse hoy por la Laguna se ha convertido en una prueba diaria de paciencia. Lo que hace apenas unos años era un trayecto fluido de 15 minutos, hoy es un calvario de frenos incandescentes, semáforos interminables y claxons desquiciados.

La postal a la hora pico es exactamente la misma en todos lados. Y no, no es mala suerte… es la consecuencia lógica de un problema que dejamos crecer durante años.

Actualmente la región alcanzó una densidad vehicular de 1 automóvil por cada 2 habitantes. La gravedad se vuelve más evidente al contrastarlo con la realidad de hace apenas una década, cuando la proporción era de un vehículo por cada cuatro laguneros.

Entre 2015 y 2025, mientras la población de la Zona Metropolitana de la Laguna registró un crecimiento moderado del 13% -al pasar de 1.31 a 1.47 millones de personas-, el parque vehicular en circulación incrementó un 111%, brincando de 347,283 a 732,642 vehículos. En términos prácticos, la infraestructura vial de la Laguna atiende hoy a más del doble de motores sobre avenidas que colapsan diariamente ante la saturación.

El crecimiento desmedido del parque vehicular no responde a un mero hábito de consumo, sino a la falta de opciones efectivas de movilidad. Ante un transporte público que ha quedado rezagado frente a la demanda urbana, la adquisición de un vehículo propio se ha convertido en la única alternativa viable para desplazarse.

Mientras los autos particulares se duplicaron en el mismo periodo y las motocicletas se dispararon un 1,355% (pasando de 3,480 a más de 50,000), los camiones de pasajeros quedaron pasaron de 5,450 a 9,310, quedando prácticamente estancados. El crecimiento de las motos es el reflejo directo de esta deficiencia,

A este escenario se sumó, desde 2022, la regularización masiva de vehículos de procedencia extranjera. Aunque dio un respiro patrimonial a muchas familias, hoy 1 de cada 3 autos en la Laguna es de origen americano, inyectando miles de unidades adicionales al mismo asfalto.

Los datos demuestran que hace falta una mayor inversión en infraestructura, acompañada de una reestructuración integral del sistema de transporte público que ofrezca un servicio eficiente y seguro, de lo contrario… seguiremos perdiendo horas de vida tras el volante.